jueves, 19 de julio de 2018

Sobre la muerte de Dios y la deificación neoliberal del mercado


¿Ha muerto Dios? Esta es la pregunta que vamos a tratar de responder en este trabajo. El Dios del que hablamos aquí es el Dios de las sociedades tradicionales, ese mismo ente divino que interfería en las vidas de las gentes. ¿Ha muerto ese Dios? No, se ha transformado en una nueva entidad; los mercados neoliberales. Tres aspectos nos permiten afirmar esta última afirmación; comparando el papel que ocupaba Dios en las sociedades tradicionales y el papel que ocupa el mercado en la teoría neoliberal, representado por el pensador austriaco F. A Hayek, intentaremos demostrarla.
El primer punto que queremos investigar es como en las sociedades tradicionales, Dios, era, el fundamento y origen de las leyes morales y jurídicas. Si pensamos en como describe la Biblia el momento en que Moisés aparece ante el pueblo de Israel con las dos tablas de la ley hebrea, este punto es evidente. Moisés había pasado 40 con sus 40 noches en el monte Sinaí donde Dios le confió la ley judía. Vemos como, según la Biblia, es la Divinidad el origen de las leyes. Por su lado Agustín de Hipona, sitúa la causa del bien, del bien moral, en el propio Dios; cuya perfección le convierte en la suprema bondad. Actuar siguiendo los principios morales, es para Agustín seguir las leyes de Dios, siendo el mal una desviación en el camino hacia la propia Divinidad, causa esta situación del mal o el pecado, términos prácticamente sinónimos para el santo[1]. Tanto Agustín como en el Éxodo encontramos la visión de un Dios causa tanto de la ley jurídica como de la ley moral, pero si tenemos en cuenta que las leyes jurídicas derivan de un juicio moral, podemos aventurarnos a afirmar, que también en el Éxodo, como en la formulación agustiniana, Dios es causa de la ley moral. No hará falta añadir que estas leyes dadas por la Divinidad se transmitirán de generación en generación, asegurando así, la perpetuación de esa moral tradicional
  En la visión neoliberal de Hayek no es Dios quien establece las leyes morales, sino el mercado. Siguiendo la estela del liberalismo tradicional, Hayek concluye que las normas morales son fruto de un proceso evolutivo, las normas que tenemos y que regulan nuestra conducta son fruto de un proceso de selección social por el cual nos hemos quedado con las que más nos convienen[2]. Parece pues que no hay punto de contacto ni similitud posible entre la visión tradicional del origen de la moral y la visión neoliberal, pero debemos tener presente que este juego evolutivo al que nos referíamos, es un modo de reducirlo todo al juego del mercado que determina siguiendo patrones arbitrarios cuáles serán las leyes morales de una sociedad. Estas leyes, fijadas por el mercado, serán transmitidas de generación en generación, perpetuando así la sociedad liberal o sociedad libre, como Hayek la denomina[3].
  La similitud en este punto es bastante clara, en las sociedades tradicionales, una entidad abstracta, situada por encima de los hombres, en este caso Dios, fija unas leyes morales con el objetivo de regular la convivencia entre los humanos. Por otro lado, en el neoliberalismo, otra entidad abstracta, el mercado, que también está por encima de los hombres, fija unas leyes morales que garantizan las libertades y la convivencia entre las personas. Así pues, vemos como en ambos casos, el margen de actuación del individuo humano es bastante escaso, se limita a aceptar lo que viene de Dios o del mercado, de lo contrario no podría vivir entre los hombres pues el resto lo consideraría como una amenaza; un hereje o un antisistema[4].

El segundo punto en el que nos gustaría reparar es en como Dios en las sociedades tradicionales, o el mercado en el neoliberalismo, es la causa de la sociedad y el Estado. En las sociedades tradicionales Dios era la causa del Estado y la civilización. Los reyes justificaban sus privilegios y su corona por el derecho divino y Santo Tomás asegura que la naturaleza del hombre lo inclina hacía la sociedad política. Para Tomás de Aquino el hombre es un animal político que necesita de la sociedad para la realización completa de su naturaleza y esta es la causa de las sociedades humanas, como son la familia y el Estado[5]. Ahora bien, resulta que el hombre es una creación de Dios, por tanto también lo es la naturaleza humana. Por tanto, si la naturaleza humana es causa del Estado y Dios es la causa de la naturaleza humana, Dios es el responsable indirecto de la sociedad, por tanto también del Estado pues esta sociedad necesita de alguien que la encabece hacia su fin; la realización del hombre como animal político, el Estado, es el medio de lograrlo[6].
  En el neoliberalismo la sociedad también es fruto de la naturaleza humana. El hombre es visto como “homo oeconomicus” un sujeto maximizador de placeres que necesita de la sociedad para lograr sus objetivos. Según la visión neoliberal de Hayek los humanos se agrupan en sociedades para la correcta realización de sus propios fines y dado que se requiere de un poder coercitivo que limite las ansias de placer de los individuos para mantener la libertad, la necesidad da pie al Estado. El Estado es para los partidarios del credo neoliberal una institución accidental, que surge de la pura necesidad. De este modo, la sociedad es fruto del mercado puesto que este suministra los placeres que el individuo busca y a su vez, esta sociedad que el mercado ha creado, establece al Estado para que la sociedad no acabe con la libertad del mercado, es decir, el Estado es de nuevo un medio para la consecución del fin del hombre; la maximización de los placeres[7].
  Los puntos de encuentro entre sociedad tradicional y neoliberalismo son que la sociedad es fruto de la naturaleza del hombre; por un lado tenemos a un animal social que necesita de los demás para lograr sus objetivos vitales; por el otro, tenemos a un sujeto maximizador de placeres que también necesita de la sociedad para lograr sus objetivos; en ambos casos la necesidad lleva al establecimiento de la sociedad y con el fin de salvaguardar esta al establecimiento del Estado y su gobierno. Aunque no se puede decir que Dios o el mercado sean la causa directa de la sociedad o el Estado, sí que podemos asegurar que estas instituciones son su causa indirecta; Dios es la causa de la naturaleza humana según el credo tradicional, por tanto, la causa de que este se agrupe en sociedad y cree las instituciones del Estado. El mercado no es el padre del hombre, pero es el medio que este tiene de lograr sus objetivos, por tanto el hombre necesita del mercado y a su vez de la asociación con sus congéneres; la sociedad y para garantizar el correcto funcionamiento de esta, se instituye el Estado, que velará por el cumplimiento de las leyes y los pactos en uno y otro caso.   

El último punto de esta comparación es el que nos presenta al regulador del poder. En las sociedades tradicionales era Dios el que limitaba este poder de los hombres. La tradición cree al ser humano como un ser finito y esto causa su imperfección, por ello Dios, se ve obligado a actuar en múltiples ocasiones para acabar con la soberbia humana. Como ejemplo de esto puede servir la historia bíblica de la Torre de Babel. Los hombres tratan de construir una torre tan alta que pueda alcanzar el cielo y llegar así a Dios, pero este castiga esta soberbia sembrando la confusión lingüística entre los hombres, dando así nacimiento a las diferentes lenguas y pueblos de la tierra, dejando la Torre de Babel a medio hacer[8]. El relato bíblico nos muestra como es la Divinidad la encargada de limitar el poder del hombre, es como un padre que vigila al niño para que este no meta los dedos en un enchufe o salte desde demasiado alto. No es extraño que muchas veces los hombres se refieran a esta Divinidad con el apelativo de “Dios padre”, no solo por ser Dios el creador de la humanidad, sino porque como un padre, vigila a sus hijos. Una sociedad tradicional confiará a Dios y no a su mente humana y falible sus proyectos y la dirección del Estado, garantizando así la libertad. San Agustín al establecer la ciudad de Dios, nos muestra como una sociedad cristiana, que se dedica al cultivo del alma y que está regida por la Divinidad hacia la Divinidad, se alejará de las concupiscencias, logrando así la libertad que solo se puede encontrar en Dios[9].
  La visión neoliberal substituye al Dios tradicional por el mercado como ente regulador de los excesos. La visión del conocimiento humano de Hayek, muestra también a un ser limitado; el entendimiento humano no puede conocerlo todo, por ello cualquier pretensión de controlar y regular la vida política u orientar los esfuerzos de las sociedades hacía un fin concreto, cosa que Hayek denomina “constructivismo”, están condenados al fracaso, dado que el ser humano es incapaz de comprender y por tanto de regular todos los factores sociales[10]. El resultado de estos intentos constructivistas, es siempre, la servidumbre[11]. Con tal de impedir estos excesos, esta soberbia o arrogancia, el mercado se presenta como un ente regulador tanto del poder individual como del poder público. Una sociedad liberal, correctamente trazada, depositará en el mercado su suerte, sin recurrir a constructivismos, lo cual garantizará las libertades individuales. Se sigue pues que el mercado es en la visión neoliberal  el Dios que regula las conductas humanas[12].
  La similitud en este punto es de nuevo evidente; ambos modelos de sociedad, la sociedad tradicional y la neoliberal, confían a un ente sobrehumano la custodia de la libertad y el bienestar.

¿Qué sucede cuando los hombres abandonan a Dios en la sociedad tradicional y se vuelven soberbios? Esto es considerado en estas sociedades un “pecado”, es decir, una traición a las leyes de Dios cuyo resultado es la aniquilación. Caso paradigmático de esto último son las ciudades de Sodoma y Gomorra, ciudades que abandonaron las leyes divinas y como consecuencia, Dios, las arrasó con una lluvia de fuego. Otro caso es el Diluvio Universal; como castigo a una humanidad corrupta, la Divinidad anega el mundo con un diluvio de 40 días, salvando solo a los más justos mediante el arca que encarga construir a Noé. San Agustín por su lado, muestra como el destino de la ciudad de los hombres, la que ha abandonado a Dios, es perecer consumida por el pecado y la esclavitud[13]. Abandonar a Dios es iniciar el camino para abandonar el mundo.
  Algo similar sucede cuando se abandona el libre mercado del neoliberalismo, entonces deviene el caos, la miseria y la muerte de millones de personas. Según el neoliberalismo solo el mercado garantiza la libertad, pues como hemos visto es él quien limita el poder del resto de hombres, pero abandonar la economía de mercado lleva a fatídicas consecuencias. El mercado es también el creador de la civilización, anularlo es renunciar a esta y el precio a pagar es el colapso de la sociedad, solo el mercado puede abastecer a las sociedades modernas, más grandes que nunca, por tanto el giro hacia el socialismo, y Hayek denomina “socialismo” a toda pretensión de controlar estatalmente la economía, apareja la caída de la fuente de suministros para todos. Puede que el mercado cree desigualdades, pero estas son necesarias para el avance de la sociedad, hay que aceptarlas, intentar corregirlas es dar un paso fatídico; el mercado, por tanto, la civilización, necesita de las desigualdades, hay que soportarlas[14], del mismo modo que en las sociedades tradicionales se deben soportar las calamidades pues son “voluntad de Dios”. Desigualdad y calamidad, comportan una recompensa, en el caso de las sociedades tradicionales en el más allá, en el caso del mercado en el más acá.
  Este último punto que hemos comentado comporta una consecuencia inquietante. Si para garantizar el correcto funcionamiento de la sociedad debemos regirnos a unas leyes dictadas por entes abstractos, es necesario conocer estas. Sin embargo, este conocimiento no está al alcance de todos; “la voluntad de Dios es inescrutable” lo cual implica que debemos depositar el gobierno de los asuntos humanos en las manos de expertos en “averiguar” esa voluntad divina. En las sociedades tradicionales estas tareas de gobierno recaen en la persona del sacerdote, dando lugar a una teocracia. El sacerdote conoce la voluntad de Dios, luego si la sociedad debe guiarse por esta voluntad para no ser aniquilada, el sacerdote, es el único facultado para ser el que porte el bastón de mando[15]. Otro tanto ocurre en el neoliberalismo, si es el mercado y sus leyes el que garantiza el correcto desarrollo de la civilización, el que debe conducir a la sociedad según las leyes del mercado es alguien que las conozca, es decir, el economista[16]. El neoliberalismo bien podría defender un gobierno de tecnócratas. Aparentemente, teocracia y tecnocracia no parecen asemejarse en nada, pero si tenemos en cuenta que un sacerdote es un experto en la ley divina al igual que el economista es un experto en las leyes del mercado, ambos son gobiernos tecnocráticos.
 Lo más peligroso de estos gobiernos tecnocráticos que hemos mencionado es su carácter totalitario[17]. Su establecimiento se debe a la necesidad de conocer las leyes de Dios o del mercado para regir conforme a ellas la sociedad, de lo contrario, se nos asegura el apocalipsis. Podemos aventurar que estos gobiernos se establecen atendiendo a criterios del bien común, cosa que deja al individuo totalmente desprotegido ante la comunidad. Si las leyes de Dios, o del mercado, dictan que hay que pasar por encima de ciertos derechos individuales, como el derecho a una asistencia sanitaria igual para todos, para garantizar la estabilidad y supervivencia del grupo, los poderes del Estado tecnocrático no tendrán ningún inconveniente en liquidar al individual beneficiando con ello a la comunidad. Los gobiernos tecnocráticos que fundamentan su autoridad en un ente superior derivan fácilmente en totalitarismos; el nazismo puede ser un buen ejemplo de ello; el ente superior era la nación alemana y para asegurar su supervivencia se sacrificaron millones de vidas individuales.
  Nos encontramos pues en peligro. Nuestra libertad está en juego. El liberalismo que prometía tanto ha caído en el mismo error que las sociedades tradicionales; ha convertido al Mercado en un nuevo Dios. Si queremos salvaguardar nuestra libertad debemos bajar al mercado de los cielos, proclamando el ateísmo, entendido este como ausencia de creencia en un ser superior. Solo de este modo, solo bajando a los mercados de los cielos, será posible recuperar la libertad del hombre y con ella salvaguardar la democracia; solo si todos somos iguales, solo si todos somos libres, tendrá verdaderamente sentido el voto, si seguimos caminando por la senda de la teología del mercado lo perderemos todo. La filosofía debe encargarse de esta tarea. Es misión del filósofo en estos tiempos, romper con esta tendencia de deificación del mercado. Sin embargo, se debe tener presente siempre, que el objetivo es bajar de los cielos los mercados, no acabar con ellos, pues sin libre mercado se inaugura el camino hacia otro tipo de totalitarismo[18].  Guiarnos en estrecho sendero entre Escila y Caribdis, entre dos formas de totalitarismo, es una de las principales tareas que hoy por hoy, debe enfrentar la filosofía.       
          por: el hebreo de murviter


Bibliografía

-          ÁLVAREZ TURIENZO, SATURNINO: El pensamiento político de san Agustín en su contexto histórico-religioso. (aparecido en  El pensamiento político en la Edad Media. 2008. Ed centro de estudios Ramón Areces S.A. Madrid. Pags 41- 65)
-          ARANCIBIA CLAVEL, JORGE: “Política, el aporte de Santo Tomás”. La Razón histórica: revista hispanoamericana de historia de las ideas políticas y sociales. Nº. 10, 2010. Pags: 32- 41
-          BEUCHOT, MAURICIO: “Santo Tomás de Aquino: del gobierno de los príncipes”. Revista española de filosofia medieval. Nº,12, 2005. Pags 101-108
B. STENGER, MANFRED y K. ROY, RAVI: Neoliberalis


[1] SAN AGUSTIN: Las Confesiones.  Alianza Editorial, Madrid, 2011
[2] HAYEK, FRIEDRICH: La fatal arrogancia. Unión Editorial, Madrid, 1990
[3] Ibid
[4] Entendemos aquí por “antisistema” como aquél sujeto que está contra un sistema de normas sociales establecidos de antemano, en este caso, contra el sistema de normas dictadas por la teoría neoliberal.
[5] FORMENT, EUDALDO: Principios fundamentales de la filosofía política de Santo Tomás. (aparecido en  El pensamiento político en la Edad Media. 2008. Ed centro de estudios Ramón Areces S.A. Madrid. Pags 93- 113
[6] Ibid
[7] HAYEK FRIEDRICH: Los fundamentos de la libertad.  Unión Editorial, Madrid, 1998

[8] TODOROV TZVETAN: los enemigos intimos de la democracia.  Galaxia Gutenberg, círculo de lectores. Barcelona, 2012, utiliza el concepto de “hibrys” tomado de la tragedia clásica para explicar este mismo concepto. En la tragedia griega Los Persas, el rey Jerjes, peca de “hibrys” al creerse por encima de los dioses y por ello sus ejércitos son derrotados. Aunque el vocabulario es diferente al nuestro la idea es la misma; un ente superior castiga los excesos o la soberbia humana.
[9] SAN AGUSTÍN: la ciudad de Dios. Tecnos, Madrid,2007
[10] HAYEK, FRIEDRICH: La fatal arrogancia. Unión Editorial, Madrid, 1990
[11] HAYEK FRIEDRICH: Camino de servidumbre.  Alianza Editorial, Madrid, 2011
[12] HAYEK FRIEDRICH: Los fundamentos de la libertad.  Unión Editorial, Madrid, 1998

[13] ÁLVAREZ TURIENZO, SATURNINO: El pensamiento político de san Agustín en su contexto histórico-religioso. (aparecido en  El pensamiento político en la Edad Media. 2008. Ed centro de estudios Ramón Areces S.A. Madrid. Pags 41- 65)
[14] HAYEK FRIEDRICH: Los fundamentos de la libertad.  Unión Editorial, Madrid, 1998
[15] FORMENT, EUDALDO: Principios fundamentales de la filosofía política de Santo Tomás. (aparecido en  El pensamiento político en la Edad Media. 2008. Ed centro de estudios Ramón Areces S.A. Madrid. Pags 93- 113 )
[16] C. B. MACHPHERSON: La democracia liberal y su época.  Alianza Editorial, Madrid, 2009 asegura que la democracia neoliberal se reduce a votar cada cierto tiempo entre diferentes partidos formados por tecnócratas.
[17] Entendemos aquí por “totalitario” aquel gobierno que antepone los intereses del conjunto de la sociedad a los del individuo, es decir, es totalitario aquel gobierno que para defender la comunidad pasa por encima de los derechos del individuo particular.
[18] La supresión de la libertad de mercado llevaría fácilmente a la dictadura comunista. En este punto coincidimos con la filosofía de Hayek

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